Fotografía con “L” de novel

Al comenzar un nuevo camino profesional siempre se suele pedir opinión a alguien que ya haya pasado por ello, cuáles han sido sus dificultades, si hay futuro en la profesión, o si merece la pena tanto esfuerzo. En este reportaje tres fotógrafos profesionales nos despejan esas dudas

@SantiVilella

“Tú eres el pescador, ellos los peces. Agentes, editores, el lector general: tú tienes que engatusarles desde el primer momento. Si no, se van.” Estas palabras las escribía el escritor búlgaro Miroslav Penkov en la revista cultural Granta como aviso a escritores noveles sobre la importancia del primer párrafo, del primer vistazo. “La mayoría de las grandes obras, tienen grandes principios”, aseguraba Penkov. Pero, ¿se puede extrapolar esta frase al mundo de la fotografía? ¿Qué deben hacer los fotógrafos noveles para agarrar de la pechera –metafóricamente o no– a críticos y posibles clientes? ¿Es complicado abrirse un hueco en el mundo de la fotografía profesional?

Con esta primera pregunta que abre el debate, existe un consenso que da un poco de miedo al que escribe estas líneas, como también da miedo el comenzar a transitar a través de un nuevo camino para llegar al objetivo marcado. El joven fotógrafo y comisario Palíndromo Mészáros (Madrid, 1986) consigue localizar dos razones claras por las que es complicado llegar a ser un fotógrafo profesional en estos momentos: la saturación del mercado y la decadencia de la prensa escrita. “La sobreabundancia de de imágenes y de fotógrafos no es malo en sí mismo –afirma Mészáros– pero sí que dificultad la profesión y degrada la imagen que se tiene del profesional”. En lo que se refiere al segundo motivo, la crisis de la prensa tradicional, Mészáros asegura que Internet es una excelente herramienta “pero el nuevo modelo está aún desarrollándose y los ámbitos profesionales clásicos, desapareciendo”.

Las nuevas tecnologías, armas de doble filo

Los profesionales mutan, y también lo hacen los medios para difundir su trabajo. Las nuevas tecnologías han aparecido en nuestras vidas para quedarse y formar parte de nuestro día a día, ¿pero también para impulsar la carrera de nuevos fotógrafos? El profesor y fotógrafo Federico Clavarino (Turín, Italia, 1984) apunta que las redes sociales poco tienen que ver con la transición hacia la profesionalización de los fotógrafos, “los usuarios de Instagram o Flikr suelen tener un perfil más cercano al del aficionado”. Además Clavarino señala que estás plataformas tecnológicas “no proveen de estructuras lo suficientemente complejas para que se pueda comunicar contenido estructurado, es decir, trabajos completos”.

Mészáros, por su parte, se sitúa ente dos aguas: piensa que las nuevas tecnologías son “importantísimas”, aunque también tienen su propio lado oscuro. “Las nuevas tecnologías otorgan visibilidad a los proyectos de una forma más directa y sin necesidad de pasar por procesos tan burocráticos como antaño”, recuerda el fotógrafo, y señala el lado negativo: “Sin embargo, en la red hay mucho ruido: hay tanto por ver, es tan fácil publicar que a veces cuesta mucho jerarquizar lo que merece la pena y lo que no”.

La galerías, tamiz de fotógrafos

Frente al totum revolutum fotográfico que representan las redes sociales, se encuentran las galerías fotográficas de siempre, jerarquizadoras de sus contenidos y seleccionadoras de los trabajos “dignos” de ser expuestos. ¿Pero qué papel juega el exponer en galerías físicas para dar a conocer el trabajo de fotógrafos emergentes? Uno muy importante, el de la publicidad en un espacio concreto de las obras de autores noveles. Pero ¿realmente hay una apuesta clara de las galerías de arte en los nuevos perfiles fotográficos? Míchelo Toro (Málaga, 1969), director de la Escuela de Fotografía Apertura, considera que es deficiente la existencia de expositores dedicados a la nueva fotografía, sin embargo admite que “esa tendencia va cambiando con la aparición de numerosos colectivos que promueven la fotografía”.

Por su parte, Clavarino cree que el público que asiste a galerías a disfrutar de la fotografía es muy pequeño, “no es una muestra representativa de los aficionados a este arte”. Por contra, el fotógrafo italiano apunta a otros soportes más eficientes, desde su punto de vista, para exponer los trabajos: “Quizás los fotolibros junto con otro tipo de espacios (escuelas, ferias, ‘galerías’ menos clásicas) o de eventos más espontáneos como el Fotoaplauso o el PhotoBook Club sean mucho más interesantes”.

Fotografía que forma parte de la colección '2888', realizada por Palíndromo Mészáros

Fotografía que forma parte de la colección ‘2888’, realizada por Palíndromo Mészáros

La relación de las administraciones públicas y la fotografía novel

Y el capital público, uno de los principales garantes de la cultura, ¿apuesta por las obras de nuevos autores? Míchelo Toro señala que las administraciones públicas “tienen poco interés hacia la fotografía novel, lo que se traduce en un bajo presupuesto destinado a este fin”, pese a esto, también apunta que “se siguen manteniendo programas de becas y salas expositivas dedicadas a la fotografía artística”.

Por otra parte, Federico Clavarino recela de las ayudas públicas así como de grandes instituciones privadas, ya que pueden limitar la libertad del autor: “Personalmente me siento más cómodo en estructuras más pequeñas y comunicando libremente con quien disfruta de mi trabajo”. Clavarino, en este punto, defiende la importancia de las plataformas de crowdfunding, la autoedición de fotolibros y los colectivos de fotógrafos, así como la mejora de las condiciones fiscales para los trabajadores autónomos.

Sensaciones de los futuros profesionales

Pese a todo, en las escuelas de fotografía “sigue reinando la pasión por este arte, tanto a nivel de aficionado como de profesional”, comenta Toro, y continúa: “Los nuevos profesionales saben que se enfrentan a una ardua tarea pero están dispuestos a asumir sus riesgos y a poner esfuerzo”. Mészáros, fotográfo novel que ya puede observar su pasado reciente con cierta perspectiva, aconseja a sus colegas, a los nuevos fotógrafos, “que le dediquen el tiempo necesario para que el trabajo tenga la solidez adecuada.

Clavarino, por su parte, llama a tener en cuenta el aprendizaje vital que se despreden de todo trayecto profesional: “El fin de un trabajo creativo no es ni lo que le pueda gustar a otro, ni el dinero, ni el trabajo en sí; sino como el trabajo mismo nos transforma, igual que transforma a quienes lo observan”.

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